La utilización del término "desarrollo territorial" remite al territorio como escenario para el
desarrollo. Se refiere a un proceso integral que conjuga variables económicas, políticas,
ambientales, sociales, institucionales y culturales, que se pone en marcha en un espacio
geográfico determinado para estructurar un proceso de desarrollo en forma sistémica. En
este sentido, la unidad espacial trasciende la noción de territorio como unidad administrativa,
lo que da lugar a la identificación más flexible de nuevas entidades territoriales de referencia.
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El medio rural es uno de los elementos fundamentales que vertebran social y
económicamente el territorio europeo y configuran su paisaje. En los territorios
rurales se concentra un importante porcentaje de la población2, siendo el
soporte físico de un extenso y variado patrimonio natural y cultural que
representa hoy uno de los grandes valores de la UE, además de constituir la
base de muchas actividades económicas que generan importantes niveles de
empleo y renta.
Tradicionalmente el medio rural se ha percibido como un espacio caracterizado más por sus diferencias respecto al medio urbano (hasta el punto de considerársele su antítesis), que por sus propios valores y atributos, habiendo sido calificado con frecuencia como un lugar donde se manifiestan carencias en infraestructuras y equipamientos y donde escasean las oportunidades de promoción social y económica para la población.
Sin embargo, las diferencias entre el medio rural y el medio urbano en los países desarrollados, y sobre todo en el seno de la UE, se han venido reduciendo de forma evidente en las últimas décadas, tendiendo a equipararse sus niveles de vida y a intensificarse las interacciones sociales y económicas entre sus respectivas poblaciones. Aunque es cierto que existen todavía áreas rurales que experimentan graves situaciones de aislamiento y hándicaps estructurales cuyo tratamiento exige acciones específicas por parte de los poderes públicos, también lo es que representan espacios reducidos y claramente localizados, siendo más bien una excepción en la tendencia más general de integración del medio rural en las pautas que rigen la vida social y económica del conjunto de la sociedad europea.
Además, tal integración no se realiza hoy en los términos de subordinación y dependencia de antaño, ya que está teniendo lugar en el marco de un interesante proceso de revalorización de los territorios rurales como espacios de bienestar y calidad de vida para la población. De hecho, cada vez son más numerosas las personas que, procedentes del medio urbano, eligen las áreas rurales como primera o segunda residencia, pero también aumenta el número de los que, nacidos en los territorios rurales (sobre todo, las generaciones más jóvenes), reivindican un entorno dinámico y bien equipado en servicios e infraestructuras como espacio para vivir, así como ámbito de convivencia y como lugar para desplegar su espíritu emprendedor y sus anhelos de sociabilidad. Es en el marco de este interesante y renovado proceso de síntesis rural/urbana donde se producen las dinámicas económicas y sociales que son hoy características de los territorios europeos, y es en ese marco donde habría que situar también los temas relacionados con la sostenibilidad ambiental de dichos territorios.
FUENTE:
Foro IESA sobre la Cohesión de los Territorios Rurales
Tradicionalmente el medio rural se ha percibido como un espacio caracterizado más por sus diferencias respecto al medio urbano (hasta el punto de considerársele su antítesis), que por sus propios valores y atributos, habiendo sido calificado con frecuencia como un lugar donde se manifiestan carencias en infraestructuras y equipamientos y donde escasean las oportunidades de promoción social y económica para la población.
Sin embargo, las diferencias entre el medio rural y el medio urbano en los países desarrollados, y sobre todo en el seno de la UE, se han venido reduciendo de forma evidente en las últimas décadas, tendiendo a equipararse sus niveles de vida y a intensificarse las interacciones sociales y económicas entre sus respectivas poblaciones. Aunque es cierto que existen todavía áreas rurales que experimentan graves situaciones de aislamiento y hándicaps estructurales cuyo tratamiento exige acciones específicas por parte de los poderes públicos, también lo es que representan espacios reducidos y claramente localizados, siendo más bien una excepción en la tendencia más general de integración del medio rural en las pautas que rigen la vida social y económica del conjunto de la sociedad europea.
Además, tal integración no se realiza hoy en los términos de subordinación y dependencia de antaño, ya que está teniendo lugar en el marco de un interesante proceso de revalorización de los territorios rurales como espacios de bienestar y calidad de vida para la población. De hecho, cada vez son más numerosas las personas que, procedentes del medio urbano, eligen las áreas rurales como primera o segunda residencia, pero también aumenta el número de los que, nacidos en los territorios rurales (sobre todo, las generaciones más jóvenes), reivindican un entorno dinámico y bien equipado en servicios e infraestructuras como espacio para vivir, así como ámbito de convivencia y como lugar para desplegar su espíritu emprendedor y sus anhelos de sociabilidad. Es en el marco de este interesante y renovado proceso de síntesis rural/urbana donde se producen las dinámicas económicas y sociales que son hoy características de los territorios europeos, y es en ese marco donde habría que situar también los temas relacionados con la sostenibilidad ambiental de dichos territorios.
A diferencia de lo que ocurría en épocas no tan lejanas, y salvo las situaciones
excepcionales antes mencionadas, cabe afirmar que hoy es más lo que une a
las áreas rurales y urbanas, que lo que las diferencia. De ahí que tenga sentido
basar el desarrollo futuro de los territorios europeos en la complementariedad
entre ambas áreas y en la coordinación de las políticas destinadas a ellas, con
el objetivo último de lograr la cohesión social y económica y la sostenibilidad
ambiental de esos territorios, tal como fue aprobado en los Consejos europeos
de Lisboa (2000) y Gotemburgo (2001).
Compartiendo este planteamiento, consideramos que las políticas públicas
deben abrir su campo de actuación, contemplando a todos los sectores y
actores del territorio desde una perspectiva global e integral y en un contexto
de gobernanza flexible en sus múltiples niveles. Señalamos, en definitiva, que
las nuevas políticas deben impulsar estrategias de cooperación entre el medio
rural y el medio urbano favoreciendo las sinergias necesarias entre ambas
poblaciones, y todo ello con el objetivo de aprovechar los recursos tanto
endógenos, como exógenos, para situarlos en la senda que lleve al desarrollo
sostenible de tales territorios. FUENTE:
Foro IESA sobre la Cohesión de los Territorios Rurales